jueves, 11 de septiembre de 2008

-Relato 2-


Llegaste sin prisa a la hora acordada. El perfume no hace su presencia hasta que los ojos buscan y se detienen entre el minucioso orden de las escasas pertenencias de mi habitación. No recuerdo tu nombre, creo que no tiene importancia porque no es el que usas en las diligencias por las mañanas. Por eso no te preocupes, ya estas aquí, pasa y serviré algo de vino que conservo detrás los muebles para no perturbar mi mente al no conseguir dormir.

Pensar en tu cuerpo desvanecería los deseos, ya de tus labios he formado un poema que te he recitado sin tu darte cuenta porque has malgastado ese momento en maquillarte en el espejo de la sala luego de comparar las fotos de mi pasada alegría con mi estadía en este día. Intento tocarte despacio, pero me doy cuenta que me estoy imaginando haciendo ese tipo de cosas, aquel acto sin demoras, sin ningún pensamiento negativo que me cohíba de sorprenderme y tal vez complacerme. Rozo tus labios colocando mis manos en tus senos buscando las sensaciones leídas en los libros de novelas eróticas, sigo explorando tu cuerpo, mis sentidos, respiro ante tanta falta de aire; se acaba esta etapa, creo que la tarifa pagada incluía un excelente trabajo de su parte. No conseguimos la cama en la oscuridad. He pensando en cuanto tiempo te ha costado adoptar esa posición natural para el momento de la penetración y elevarte en la relajación de los músculos, la mente, ya que no sientes ningún tipo de placer ni lastima por la situación en la que me encuentro. Descubro decenas de posiciones, diferentes formas de vernos mientras me comentas los sucesos más importantes ocurridos ese día en la ciudad. Me levanto, todo ha terminado.


No ha pasado nada que he inventado en mis pensamientos. El licor se me ha acabado y solamente me acompaña tres o dos luces de la acera.

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