
No llevas reloj. El tiempo dejó de lanzar sus horas porque no encontraba tus ojos. Te recuerdo, alguna vez estuvimos esperando en los bancos de la plaza a los enamorados nocturnos para recordar lo que pudo ser el amor entre nosotros. Conversábamos en voz baja y nos reíamos de tus historias de tristeza porque no conseguimos llorar, quizá nos guardábamos aquellas emociones para el hogar por estar a la vista de todos o por sufrir nuevamente un engaño de nosotros mismos. Nos acercábamos en la tenue oscuridad reconociendo los labios, mordiendo en cada palabra interminables sueños que tuvimos en la mañana; nos alejamos, a esta distancia pude reconocer el miedo, las ansias de derrumbarse a cada paso pero siempre en la ausencia existe una necesidad y volvimos tomados de las manos.
De seguro han pasado los segundos sobre ti. ¿De quien vienes escapando? Intento abrazarte para que no vuelvas a huir, no puedo detenerte a pesar de que todavía reconoces mis besos y ya no te hacen falta. Explícame que ocurre. Te amo, creo que todavía lo sigo sintiendo pero ya no puedo esperar en cada tarde a que cruces la calle mientras hablo de nuestras vidas para que regreses. Habla, no puedes hacerlo, solo emites sonidos. Me he preguntado si has muerto. No lo se.
De seguro han pasado los segundos sobre ti. ¿De quien vienes escapando? Intento abrazarte para que no vuelvas a huir, no puedo detenerte a pesar de que todavía reconoces mis besos y ya no te hacen falta. Explícame que ocurre. Te amo, creo que todavía lo sigo sintiendo pero ya no puedo esperar en cada tarde a que cruces la calle mientras hablo de nuestras vidas para que regreses. Habla, no puedes hacerlo, solo emites sonidos. Me he preguntado si has muerto. No lo se.







